De autobuses y malas personas

Parecía que la papeleta al asunto estrella de la semana se la iba a llevar un error que sucedió en cierto escenario sobre el que se hacía una entrega de premios cinematográficos. En cambio, se la ha terminado llevando una maldad, un ejemplo de matonismo. Me refiero obviamente al famoso autobús de mierda.

No estoy versado en las teorías de género, ni conozco a ningún militante de la LGTB y no conozco a ningún niño que sienta que es niña o viceversa. Para mí, podría decir, es un mundo ajeno. Así que de antemano pido disculpas por todas las incorrecciones que pueda haber en este (bienintencionado) texto. Pero manejo dos cosas a partir de las cuales pienso que puedo hacer alguna valoración y que, en mayor o menor medida, tenemos casi todos: imaginación y empatía.

Con la primera intento proyectar mis experiencias de chico que nació chico y al que siempre gustaron las chicas sin un ápice de duda, y darles un giro de 180⁰. De modo que voy a nacer chico pero querré ser chica. ¿Cuesta mucho imaginarlo? Imaginarlo no, acertar en lo que imagino, pues a saber. El caso es que es evidente que existe en estos chicos y chicas una importante crisis. Crisis que viene impuesta desde el exterior, por supuesto. Sociedad, genética, cultura, entorno, contexto, autobuses, como lo queramos llamar. Exterior. Intentando aplicar una mínima empatía, lo imaginado se convierte en algo no particularmente agradable.

He visto el vídeo del presidente de la organización que ha puesto en marcha este autobús de la maldad (bueno, en realidad sólo he podido oírlo, porque la cara del tipo me repugna bastante). En el vídeo, colgado en una web llamada Religiónenlibertad.com (empezamos bien), intenta justificar su punto de vista desde un argumento que parte de unas bases sesgadas: pone voz de corderillo y dice que en el bus solamente aparece el texto Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Hasta ahí y obviando las ideas de género podríamos coincidir en algunos puntos. Ya puestos, se me ocurre que podían sacar a pasear un autobús en el que estuviera escrito que el sol sale de día y la luna de noche o que el agua de río es dulce, pero la del mar salada. Sería otra forma de despilfarrar dinero público como tantas otras, así que pché.

Y digo que este señor parte de unas bases sesgadas porque no es eso todo lo que en el autobús está escrito. Ya que ahí se rematan esas dos afirmaciones con un glorioso Que no te engañen. Para terminar a la grande: Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo. Qué curioso, sobre este remate no dice nada (y ningún periodista le pregunta en la rueda de prensa posterior) y es ahí donde, en mi opinión, reside el quid de la cuestión. Ese es el matonismo rampante.

Porque, pese a que no lo mencione, el resumen de esta campaña no es otro. Les faltó añadir una cosita de nada: Así que te jodes.

Y el canal del mensaje en este caso es un autobús, pero se puede presentar de mil maneras y en diferentes intensidades, como una homilía, una paliza en clase o una condena a ser arrojado desde una azotea.

Nadie tendría por qué molestarse, viene a decir este monaguillo en un alarde de imaginación y empatía. No, los niños y niñas que reciban ese recado una y otra vez en clase no tendrían por qué molestarse porque se les recuerde nuevamente y a través de otro formato que fisiológicamente no entran dentro del parámetro que la mayoría estipula como normal (llegados a este punto, me parece conveniente subrayar que también hay chavales que tienen la suerte de verse aceptados por su entorno y para los que esto no supone ningún problema).

Los comentarios que oigo en defensa de esta iniciativa motorizada tienen algunos puntos comunes.

  • Es una manifestación de la libertad de expresión frente al lobby gay. Es decir, que presupone que menospreciar a un niño que tiene un sentir diferente (es menospreciar, no le demos más vueltas a eso) es legítimo con tal de plantar cara a ese constructo social al que se acusa mucho, pero cuya existencia no se ha demostrado aún.
  • La mofa de los críos. Se equipara la transexualidad a un capricho, una y otra vez. Los niños quieren cambiar de sexo como de zapatillas, está clarísimo.
  • Hay que defender a nuestros niños (hubiera estado bien que se le escapara a los niños normales, pero se contuvo porque ese día había ido la tele) de mensajes de adoctrinamiento ideológico. Esto es lo que más patético me resulta. ¿De verdad hay alguien que piense que porque un niño vea un cartel instando a la tolerancia hacia el colectivo LGTB va a empezar a tener dudas? ¿Qué comenzará a sentirse confuso? A ver cómo sería ese proceso: a) un niño ve un cartel en el que dice que hay niños con vulva, b) empieza a tener un montón de dilemas que hasta entonces ni se le había ocurrido que pudieran existir, c) le empiezan a salir estigmas en cara y manos en forma de cruces invertidas y o bien d) se le practica una operación de cambio de sexo para que deje de enredar, o bien e) se llama al exorcista que esté de guardia en ese momento.

Pero el mejor momento de la intervención de este individuo está al final del vídeo, en el que se cubre de gloria cuando afirma que esta es una cuestión que corresponde dilucidar a la ciencia. Está claro que si por algo se caracteriza el integrismo ultrareligioso es por la fervorosa defensa que siempre ha hecho de la ciencia. Otras personas a las que hace daño, por cierto, es a las personas religiosas no taradas, que se dedican a dar clases o a ayudar a los demás como misioneros, por ejemplo. Supongo que para ellos este tipo de cosas son escollos que alguien de su propio bando les pone delante.

En fin, como yo no sé cómo se reza, pido un favor por si alguien lo quiere hacer por mí (si se puede escoger divinidad, Júpiter me mola mucho): reza para que los niños que estén por nacer con vulva y las niñas que estén por nacer con pene, nazcan en familias de esta asociación. Para que de esa manera se vean obligados a comerse su propia bilis a favor de algo tan sencillo como querer y respetar a tus propios hijos. Así no les hará falta imaginación. Ni empatía.

 

 

 

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