Confieso que he vivido una jornada electoral

Esto es el colmo de a) la jeta, b) el verano y c) el oportunismo, porque es a) una entrada muy corta, b) basada en un refrito de junio del año pasado -extended versión, eso sí- y c) al albur de unas elecciones generales respecto a las cuales ya me he mojado. Por eso es, además, d) una terapia. No me quiero hacer mala sangre, y así puedo hablar de una cosa sin hablar de la otra.

Quizá mi objetivo consista en tocar, si no la política, algo tangencial a la política. Y sobre todo en hacerlo sin que me entren ardores e intentando que no le entren a nadie.

Hace un año, pues, mis conclusiones (debidamente ampliadas donde corresponda) eran estas:

  • Es sorprendente la facilidad con la que un vocal suplente se puede convertir en vocal. Basta con que el vocal original no acuda. Tampoco debe dar señales de vida ni presentar justificante alguno. Coges, no vas, y habrá un pardillo que se quedará en tu lugar.
  • La mayoría de personas convocadas a constituir la mesa electoral preferirían que les serraran un brazo. Para entenderlo, basta con escuchar sus continuos lamentos e imprecaciones contra el sistema que las convocó allí.
  • A lo largo del día se hace patente que nadie está tan mal. Pero la gente no abandona sus sollozos por alguna extraña razón.
  • Las apoderadas del PP visten y huelen adecuadamente y en base a un cierto patrón.
  • Es preferible no hacer esta valoración a tus compañeros de mesa, toda vez que uno de ellos esté casado con una apoderada del PP (hoy, por cierto, concejal en el consistorio de mi villa).
  • Los DNIs no son grasientos en la mayoría de los casos.
  • Se confirman mis sospechas. El chip de los DNI es un invento de los reptilianos que sirve para resquebrajar y destruir nuestros DNI, lo que de alguna poética manera resquebraja y destruye nuestra propia identidad.
  • Mi barrio no es esencialmente pepero, mi mesa electoral sí.
  • Los apoderados del PAR y los del PSOE no se distinguen. Ambos sienten fervor por las camisas de cuadros y manga corta.
  • Los apoderados de IU y Podemos no se distinguen. Camisetas y barbas los caracterizan.
  • Los apoderados de CHA son algo zaforas (en particular uno que me hizo escribirle unos datos tres veces, puesto que las dos primeras los perdió).
  • Los apoderados de CHA tienen un puntico entrañable y muy conseguido que no lo tiene nadie más.
  • Un voto mal contado de Ciudadanos puede hacer que vayas a dormir una hora más tarde de lo deseado.
  • Firmar cientos de actas, sobres, originales y copias termina por no ser tan entretenido como pudiera parecer a primera vista.
  • El proceso es milimétricamente escrupuloso. Es más fácil robar La Gioconda que cambiar el sentido de un voto. También es muy fácil escribir una carta que se haga viral predicando todo lo contrario de lo que digo a gente ansiosa de creer todo lo contrario de lo que digo. Plus de veracidad cuando esta fue supuestamente escrita por un presidente de mesa, teórico testigo de millones de desmanes delante de sus narices (una de dos, o es un negligente por no haber impugnado cuando debió hacerlo o no existe).
  • A la continua inspección global contribuyen como fin de fiesta los doscientos ojos situados tras tu nuca en el proceso del recuento (si bien contribuye a una cierta desorientación la fragancia a vinazo proveniente de alguien también situado tras dicha nuca).
  • Algunas personas no saben qué papeleta han metido en el sobre ni por qué. Tampoco saben callárselo.
  • Algunas personas parecen dispuestas a pulverizar el récord de pliegues de papeleta.
  • Lo pulverizan.
  • La mayoría de la gente va contenta a votar.
  • Los hits ”Esta democracia no es democracia” y ”Vivimos en realidad en una dictadura encubierta” se dicen muy deprisa y queda dinámico y muy transgresor y tal.

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