El puro de Froilán

Esta es una de las fotografías que más me ha repugnado en los últimos tiempos. Y no porque haya visto o descubierto algo de lo que no tenía noticia, sino porque ha supuesto una evidencia muy sencilla de algo que detesto: que en mi país todavía existe la institución monárquica.

¿Evidencia? ¿Es que hasta que he visto esta imagen no lo tenía claro o qué? Sí, sí lo sabía. Pero para mí esta escena de costumbrismo millonario representa mejor el ente al que pertenece de lo que lo representa su tío dando un discurso de Nochebuena, rodeado de boato en el Palacio Real, o la actitud cortesana (y por lo tanto inmoral) de la camarilla que siempre ha rodeado al bribón de su abuelo.

Ahí lo tienes. Un chupóptero que a sus diecinueve años no ha hecho nada, aparte de gamberradas y estupideces, fumándose un puro con sus amigos de graduación. A la salud de sus compatriotas, supongo, ya que el sistema educativo estadounidense le ha permitido dar un salto de cinco cursos en dos años a razón de 45.000 euros anuales. Después de un periplo trufado de expulsiones de otros centros, como está mandado, convalidacioncilla por aquí, convalidacioncilla por allá.

El caso es que veo cómo en ese puro arden 90.000 euros de nuestros impuestos y, por lo tanto, la igualdad que se supone que a todos equipara. Todo ello en base a que el desquiciado de su tataratatara (lo que sea) abuelo ganó una guerra hace tres siglos. De no haberla ganado FV, estaría fumándose ese puro el tataratatara (…) nieto de una estirpe menos francesa y más austriaca. Si es que por casualidad queda algo de original en el enmarañado árbol genealógico de las idas y venidas de esta gente por las alcobas, los cotos de caza, las riberas y los cuchitriles de las criadas más apetecibles. Árbol genealógico que, por otra parte, hunde sus raíces en miles de mitos bastardos.

Veo toda la indolencia que tiene el peso de tres siglos de sensación de superioridad. La veo en el gesto gandul de este muchacho y en su brasa, porque pese a todas las licencias procreadoras de su linaje debemos reconocer que en los retratos dieciochescos nos lo seguimos encontrando a día de hoy, maldita genética. Y lo veo rodeado de pijos muy ufanos de sentirse tipos duros, fumando y riéndose. Pequeños trasuntos de Tony Soprano de palo jugando a ser Tony Soprano de verdad por un día, y cómo me enciende.

Es ese puro el que me cuenta que todavía vivimos en una especie de señorío jurisdiccional que traza una línea divisoria insultantemente obvia: no somos iguales. Y no somos iguales gracias (inflámate, lector) a nuestro dinero, lo que todavía logra quemarme más. Así que lo de la muerte del Antiguo Régimen deberíamos dejarlo en pequeño constipado a la vista de esta foto. Por lo menos a la vista de esta foto y dejando atrás otros muchos logros de los que hoy no quiero hablar.

No pretendo ser racional porque en este tema soy visceral. Ya está, hasta aquí hemos llegado, no hay dictadura y esto ya no es necesario. Esto sería lo que yo diría si alguien me preguntara. Pero como no me lo van a preguntar, pues lo escribo aquí.

Y por si acaso un día de este verano este individuo se aburre de beber champán en la cubierta de su yate, se pone a buscar su nombre en Google para reírse un rato de sus plebeyos y se encuentra con esta entrada, ahí va mi mensaje:

Hola, Froilán, ¿te diviertes? Sería para mí un placer que me dedicaras tu próxima calada. Y, ya puestos, que te supiera de lo más amarga. No te molestes, no es por ti sino por lo que simbolizas. Qué leches, y por ti también.

Tuyo, flamígero.

Guillermo Sancho.

 

PD.: https://www.youtube.com/watch?v=b806hY61QT0

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *