La Rioja. Conclusiones universales

Monasterio de Yuso

Voy ya para los tres años trabajando en La Rioja. Que aunque es una comunidad autónoma pequeña, para la escala humana no deja de tener unas dimensiones considerables. Así que reduciré un poco el emplazamiento: voy ya para los tres años trabajando en La Rioja Oriental. El primero en Alfaro y el segundo y el tercero… donde sea. Me da rabia no decirlo pero me parece lo prudente.

No puedo decir más que cosas buenas de esta tierra (había olvidado decir que este no es un post triste ni reivindicativo. Ni siquiera es un post, es un agradecimiento con una pequeña lectura final). Todo aquí me ha ido bien porque la gente es buena y, supongo, porque tengo una predisposición a estar bien con los demás. Lo que pasa es que mantener ese buen tono es complicado cuando la gente no lo propicia.

Me he dicho a mí mismo, antes de ponerme a escribir, que si decía exactamente lo que pensaba esta entrada iba a parecer una promoción turística. Me da igual: vengan a La Rioja. Lo del vino ya lo saben. Y aunque el patrimonio cultural riojano suele quedar eclipsado ante esta bebida, ahí tienen algo importante que descubrir. No digo qué porque no acabaría. Y mézclense con el personal, que es tan sencillo como gozoso. Vengan y estén a gusto aquí.

El 9 de junio es el Día de La Rioja. Como saben, este día pasará desapercibido en los medios. Con algo de suerte una tímida mención en las noticias y a otra cosa. Y quizá en los programas que tienen horas que rellenar, alguna conexión en directo y vuelta a la morralla de siempre. Esto me revienta sobremanera: su gran pecado es no molestar a unos ni a otros. De esto sabemos un poco en mi tierra también.

En mi tierra.

Qué tontada de expresión. ¡Si es la misma tierra! Sin más distinciones, sin más diferencias que las que imponen unos criterios puramente administrativos. No hay semana que no lo piense. Salgo de Aragón y entro en Navarra, donde recorreré unos cincuenta kilómetros hasta salir de Navarra y entrar en La Rioja. ¿Qué ha cambiado en ese viaje? Nada, pero he estado en tres regiones distintas. El paisaje y el clima son prácticamente los mismos. La flora y la fauna apenas han variado y, si bajo del coche, las personas son iguales. Las mismas fórmulas de cortesía, los mismos intereses, las mismas inquietudes, las mismas conversaciones en las tres comunidades.

Y sin embargo somos diferentes a más no poder. ¡Somos muy diferentes! Diferentes localismos, diferentes acentos (en el pueblo de mi instituto es una curiosa mezcla entre el vasco -hasta ahí ok- ¡y el gallego!), diferentes paisajes (cuando salgo de mi ciudad atravieso la llana estepa y cuando llego a mi instituto me encuentro en las estribaciones de una sierra) diferentes fauna y flora (en Alfaro tienen muy trabajada a la garza real, mientras que aquí somos más dados a la garza imperial y esto siempre constituye una inmensa singularidad) y diferentes gastronomías (los postres y diferentes denominaciones, ese detonante en el sismógrafo de la distinción). La historia nos diferencia muchísimo también: a Aragón los romanos llegaron antes y a La Rioja después. ¿Cómo no va eso a modular el carácter? Pues hay quienes dicen cosas así sin sonrojarse.

El cariño que le tengo a La Rioja es el mismo que le tengo a Aragón, porque una y otro son la misma cosa. Estamos hablando de unos grandes almacenes que ha habido que seccionar a fin de poder organizarlos mejor, pues vale. Así es, en realidad, todo el mundo. El problema viene cuando creo que mi sección es mejor que la tuya porque yo trabajo allí. Qué pérdida de energía supone esa falsa creencia.

Al fin y al cabo en todas partes hay gente estupenda, gente normal y gente idiota, y eso tampoco es del todo así. Desde luego no a partes iguales, como parece indicar este lugar común. La mayoría de las personas entra en las dos primeras categorías, y perdón por la universalización pero de vez en cuando uno tiene que fingir que ha leído provechosamente a Kant. ¿Cuántas personas verdaderamente idiotas se encuentra uno frente a la gente que es, básicamente, como uno mismo?

Nos podemos inventar todas las estupideces que queramos con tal de subrayar lo que nos hace particulares. No acabaremos nunca y nos pondremos de mala leche unos con otros. Eso sí, nos sentiremos muy orgullosos de nuestros postres.

Y a lo que voy, que es lo que me importaba cuando he empezado a escribir este post: ¡muchas gracias por todo y feliz día, riojanos!

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