Las chicas limpian mejor que los chicos

Esta frase me la dijo mi hija (5) hace un par de tardes, y todavía le estoy dando vueltas. Estábamos los dos jugando a la pelota y me la soltó a bocajarro. Existe una posible explicación, que seguramente sea la correcta, y es que como en ese momento estábamos (ejem) compitiendo, quiso asestarme un rápido mandoble con lo primero que se le pasó por la cabeza. De modo que perfectamente me podía haber dicho que las chicas cuentan mejor las sílabas que los chicos, que las chicas tiran piedras más lejos que los chicos o que las chicas cuentan hasta veinte más rápido que los chicos.

Si me hubiera espetado algo por el estilo, en vez de estar escribiendo este post, ahora mismo estaría, yo qué sé, jugando a la pelota con ella. Pero la frase fue la que fue, y no puedo evitar buscar en qué punto de su educación nos hemos equivocado. Porque la sociedad tiene sin duda su parte de culpa, pero no me parece bien cargar todas las tintas sobre ella.

Sin ser padres ultraprotectores, de esos que se preocupan más allá de lo razonable porque una brizna de hierba se cuele en la sandalia de nuestros pequeños, mi chica y yo siempre hemos hecho énfasis en el asunto de la igualdad. Y lo hemos hecho de la manera más sencilla y, entendemos, eficaz: predicando con el ejemplo.

El caso es que aclarar este concepto es una necesidad capital. Me sentí muy mal pensando que mi hija podría hacerse mayor interiorizando esa creencia y que el día de mañana un jeta se aprovechara de ello. Así que le he insistido una y otra vez en la importancia de borrar ese concepto de su cabeza.

Esto se sumó al hecho de haber leído pocos días antes la Declaración de Seneca Falls, firmada en 1848 por 68 mujeres y 32 hombres. El lugar de la firma fue la localidad de ese mismo nombre, situada en el estado de Nueva York, y el documento fue redactado por Elizabeth Candy Stanton y Lucretia Mott. En las líneas finales se insta a la sociedad a la movilización en post de la igualdad de derechos, con estas palabras:

…en vista de esta completa privación de derechos de la mitad de la población de este país, de su degradación social y religiosa; en vista de las injustas leyes antes mencionadas, y dado que la mujer se siente agraviada, sometida y fraudulentamente privada de sus derechos más sagrados, insistimos en que de inmediato sea admitida a participar de todos los derechos y privilegios que le corresponden como ciudadana de Estados Unidos.

Al acometer la gran empresa que tenemos ante nosotros, anticipamos no poca cantidad de malas interpretaciones, tergiversaciones y burlas…

El documento, que es considerado unánimemente como punto de partida de los movimientos asociacionistas inspirados en la idea del feminismo (término que surgió medio siglo más tarde), se centró con el paso de los años en una reclamación del derecho femenino al voto, por entender que de ninguna manera se llegaría a la plena igualdad si no era a través de iniciativas legislativas. Y dichas iniciativas sólo eran accesibles mediante la vía de la política.

En 1920, las sufragistas conseguían el pleno derecho al voto. Leámoslo otra vez: en 1920, las sufragistas conseguían el pleno derecho al voto. Es decir, que tuvieron que pasar 72 años hasta que la iniciativa de aquellas mujeres del siglo anterior cristalizara en el cumplimiento de la mayor de sus aspiraciones. Es triste saber que sólo una de las firmantes de aquel glorioso documento pudo hacer uso de su recién adquirido derecho.

Creo que es bueno detenerse en las dos últimas líneas de la Declaración, por lo visionario de su contenido. Y ahora toca pensar en el término feminazi. Llevamos un tiempo oyéndolo una y otra vez, y me repatea especialmente. No conozco a ninguna feminista que haya invadido Polonia o gaseado a judíos en campos de exterminio, así que dejemos a los nazis pudriéndose en sus tumbas. Feminazi es burla e insulto de un movimiento que fue y es necesario, y es la punta de lanza de otros muchos improperios. Me pregunto cuáles serían los diversos feminazis que las feministas se tuvieron que oír desde 1848 a 1920. Y me pregunto, también, hasta qué punto las personas que los proferían y se regodeaban en ellos, que señalaban las flaquezas del movimiento para destruirlo y se reían de quienes lo apoyaban, evitaron que las mujeres pudieran haber ido a las urnas en 1911, 1897, 1871 ó 1860. Y me pregunto si así en vez de una hubieran podido votar tres, diecinueve, treinta y siete o cincuenta y ocho de las firmantes. Cada ultraje, un pequeño palo en la rueda cuyo avance tan largo se hizo. Y existen ultrajes involuntarios, no lo olvidemos. Seguro que yo los sigo cometiendo en 2016.

Toda la crítica es necesaria, y desde luego para el feminismo también debe existir. Es fundamental para su crecimiento, para su evolución y para su comunicación (en mi opinión adolece de dos defectos principales, como son la falta de plena integración de los hombres y la falta de foco en ciertas desigualdades que hoy en día quedan soslayadas). Tan fundamental como lo es para cualquier otro movimiento con aspiración universal. Y como la mayoría de los movimientos universales no es monolítico, por lo que caben tantas interpretaciones como personas, e incluso más habida cuenta de que no existe una jerarquía que trace la línea oficial a seguir, más allá de pensadoras, estudiosas y activistas más o menos señaladas. Y dentro de las muchas interpretaciones o conductas que se le asignen, deberemos entender que algunas serán equivocadas, y algunas personas obrarán, sencillamente, mal. ¿Y qué? ¿Invalida eso el esfuerzo y la lucha de tantas mujeres?

Pudiéramos caer en la trampa de pensar que todo está hecho y no. Todo pequeño obstáculo, toda risa por lo bajini, cualquier ridiculización del hecho que ha traído a las mujeres al punto en el que hoy se encuentran (en franca desigualdad frente a los hombres si hablamos de datos objetivos pero obviamente mejor posicionadas respecto a 1848 y 1920) es un ladrillo más en un muro que pesa 72 años.

Y yo quiero derribarlo, porque no quiero que mi hija diga según qué cosas. Ni aunque sea jugando.

7 Comments

  • Como siempre con tus escritos, Guillermo, una explicación certera, pedagógica y actual . Orgullosa de tu defensa del feminismo , tan denostado hoy por algunos movimientos postmodernistas, que olvidan la penosa situación de la mujer en tantos lugares del mundo. Mientras una sola mujer, simplemente por su sexo, sea lapidada, vendida o esclavizada, será necesaria la lucha feminista.

    “Si eres una mujer fuerte
    protégete con palabras y árboles
    e invoca la memoria de mujeres antiguas” (GIOCONDA BELLI)

  • Las chicas limpian mejor que los chicos, las chicas estudian mejor que los chicos, las chicas trabajan mejor que los chicos… las chicas hacen todo mejor que los chicos. Es algo que ya tengo asumido hace mucho tiempo, claro que, ahora que lo pienso, igual estoy rodeado de “feminazis” y no me había dado cuenta!!!!

  • Por mucho que les eduquemos en casa en la igualdad no están una burbuja y van cogiendo de todas partes. De la tele, del yutub (aunque intentemos apartarlos de contenidos no adecuados), de la calle, de los compañeros, de los hermano/as mayores de éstos… y sí, te sorprenden de vez en cuando con frases así que a ti no te oirán nunca. El mío lleva una temporada diciendo cosas como que los chicos son más fuertes, que las chicas se aburren jugando al fútbol, que el rosa es color de niñas… y sorprende, más sabiendo que luego juega igual con chicas y chicos… pero de alguna parte lo sacan.
    Hay mucho aún qué hacer…

  • Todo va bien en la entrada con una cierta sanota consensualidad hasta que topamos con lo de siempre : “‘¡chicas, tengo algo que deciros para que lo hagáis bien!”. Y cuando escribo, “lo de siempre” me refiero a un tipo de texto del que yo como hombre no estoy exento de producir. De ahí esta reflexión.

    Cuando hablamos de “defectos”, “imperfección” o “carencia” según la RAE, estamos colocándonos en un plano discursivo según el cuál sabemos de antemano lo que el objeto de nuestro discurso “debería ser” o, aún peor, “lo que debería ser para nuestros intereses” si somos un poco mal pensados. Una suerte de tutelaje y también de necesidad de recibir un discurso acabado, coherente, totalizante y resolutivo en aras de nuestra aceptabilidad.

    El texto feminista es precisamente lo contrario: múltiple, atomizado, contradictorio, ateórico, asistemático, crítico, dialéctico, práctico y estratégico. No olvidemos que el feminismo no es un manual para la emancipación de las mujeres sino un conjunto de textos encarnados y estratégicos que buscan ese fin pero que no presuponen de antemano un tipo de sociedad. Unos pensamientos y unas acciones en proceso. Quizás sea esto lo que más nos desestabiliza.

    Observemos de cerca estos dos “defectos”:

    1) ” la falta de plena integración de los hombres “. A bote pronto, una pregunta: ¿es realmente un problema del feminismo? ¿o lo es de los hombres?. Por otro lado, ¿de qué “integración” estamos hablando? ¿Cómo se realiza concretamente? Retomando una afirmación que escuché a la novelista francesa Virginie Despentes en el problema radiofónico Carne cruda, me pregunto, ¿dónde están los hombres cuando se habla de violación? ¿se reunen entre ellos para hablar de su problema? o ¿prefieren acudir a reuniones feministas para darse buena conciencia, o peor, para dar soluciones a las mujeres, como si el asunto no fuese con ellos? Y esto es solo un ejemplo.

    2) ” la falta de foco en ciertas desigualdades que hoy en día quedan soslayadas”. Vale, pero, ¿cuáles son estás desigualdades en las que el feminismo anda desatinado? ¿Cómo se traduce esa falta de tino? Más allá de que el feminismo sea tal vez el movimiento más transversal que existe, ¿podemos pedirle que se ocupe de los problemas de los chicos, por poner un ejemplo? ¿Le exigimos en su día a Mandela que se ocupase de los problemas de la minoría blanca en Sudáfrica para acabar con el apartheid? ¿Le exigimos tanta totalidad a todas los movimientos emancipatorios?

    Creo que la incomprensión, a mi juicio, se puede resumir en esta frase del texto: ” Tan fundamental como lo es para cualquier otro movimiento con aspiración universal. “. Aparte de lo discutible de la proposición, hay que recordar que el feminismo no es, afortunadamente, un movimiento universalista. Un movimiento que discute sobre la emancipación de las mujeres (con ese plural diverso, estratégico y abierto) no puede serlo sin ser contradictorio, tanto más cuanto caben “tantas interpretaciones como personas” y que “no es monolítico”.

    En resumidas cuentas, es difícil desembocar en una crítica operativa cuando se cae en la contradicción de afirmar la pluralidad del texto feminista y evocar sus defectos como si fuese unitario. Quizás hubiese sido más acertado una crítica de las acciones o de las políticas feministas concretas en un determinado lugar y tiempo porque las “enmiendas a la globalidad” no solo caen en la caricatura sino que, además, suelen servir a lo contrario de lo que se defiende.

    Un saludo para el autor de la entrada.

    • Muchas gracias por el comentario, Pierre.

      Me parece que contiene matices más que interesantes y me hace tomar buena nota. Lo que pasa es que en este, como en tantos otros temas, yo no soy más que un diletante. Y probablemente de ahí el aire de sanota consensualidad de que hablas: es cierto que no pretendo dotar al texto de ninguna erudición.

      Respecto a los dos defectos de los que hablo, pongo el foco en el movimiento feminista, porque creo que en muchos puntos adolecen de lo que digo y sí, es algo que el movimiento debe mejorar. ¿Implicándose los hombres? Probablemente, pero ¿se les deja? “La falta de plena integración de los hombres”. Como no he concretado no he dicho que esa falta de integración la veo en algunos círculos. Ellos quieren, pero no pueden a no ser que digan sí a todo. En cuyo caso pasan de ser hombres a robots. Lo he vivido y supongo que tú también.

      En cuanto a “la falta de foco en ciertas desigualdades que hoy en día quedan soslayadas”, supongo que cuando lo escribí me refería a un melón que no quise abrir con este post: el islam. Hay muchas corrientes que defienden, sobre todo, el uso del velo como sinónimo de libertad. Uno de los aspectos más naïf del movimiento.

      Movimiento que, pese a lo dicho, sigo considerando absolutamente imprescindible y al que siempre defenderé.

      Un saludo, ¡y gracias de nuevo por el comentario!

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