Maravilloso

  1. Inexplicable dentro de las leyes naturales.
  2. De belleza u otras cualidades buenas impresionantes: ‘Un paisaje maravilloso’.

No lo digo yo, sino el María Moliner. En todo caso sirve para lo que quiero decir; y es que resulta inexplicable la muda repercusión que está teniendo el TTIP, Transatlantic Trade and Investment Partnership o Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión. O al menos es inexplicable si aplicamos la ley natural de la información, es decir, el interés general. Es maravilloso. O quizá no lo sea tanto si aplicamos la sutil ley natural del neoliberalismo más exacerbado, en cuyo tablero juegan y de cuya no normativa se benefician los (¡oh, cielos!) grupos de comunicación que deberían… ¿comunicar?

Es también maravilloso que los medios de derechas apenas mencionen este gigantesco cleptoproyecto. Imagínense hasta qué punto nos va a maravillar cuando entre en vigor.

Robustecer el actual flujo de bienes, servicios e inversiones supondría, según los maravilladores, un incremento de dos millones de puestos de trabajo (la UE, tiene 508 millones de habitantes en 2015) así como del 0’5% del PIB en diez años. Y eso pasaría por, maravíllense, que las iniciativas parlamentarias se vieran condicionadas por los intereses de los lobbies (de acuerdo, eso ya sucede a día de hoy, pero por lo menos no de manera legal, lo cual supone un pequeño obstáculo). Sí, sí, de hecho han existido más de cien reuniones con multinacionales para negociar los contenidos del TTIP: sensacional. No se trata tanto de reducir unos aranceles ya de por sí muy bajos, sino de toquitear las reglas sanitarias, medioambientales, laborales e incluso de servicios públicos (para que sean maravillosamente privatizados). Se aboga para ello, especialmente Estados Unidos, por la puesta en marcha de un tribunal de arbitraje con que las empresas puedan puentear a los Estados si se consideran perjudicadas. Es también maravilloso que nuestros eurodiputados sólo puedan informarse de las negociaciones del Tratado en una de las dos secretísimas e inaccesibilísimas reading rooms, por supuesto bajo supervisión de un agente y sin ninguna posibilidad de hacer copias de los documentos (lo que viola el Artículo 218.10 del Tratado de Funcionamiento de la UE, otra maravillosa perla de genuflexión ante la Administración Obama).

Pero volvamos al contenido. ¿Sabían? Maravilla es pura botánica. Sin salirnos del María Moliner, según la quinta acepción. Maravilla: Planta enredadera convolvulácea que se cultiva en los jardines, de flores azules con listas purpúreas. Ipomoea purpurea. Excelente, una enredadera. Ya que estamos enredados en la botánica: dos millones de granjas en EEUU y trece millones en la UE ¿Quién tiene las granjas más grandes? ¿Y quién hemos dicho que está metiendo el hocico en las negociaciones del Tratado? ¿Las empresas grandes o las pequeñas? ¿Quién enreda a quién? Así con todo, la regla de tres sale asombrosamente rápida; en poco tiempo existe a ambos lados del charco una competencia desmesurada entre empresas, y las potentes están en EEUU. Se van a reír muchos sectores productivos cuando vean que no los necesitamos y les compramos a los americanos, más barato y estandarizado, y ello cree un maravilloso efecto dominó de consecuencias previsibles desde una lógica mínimamente humana. Hoy pensamos que los derechos laborales han sufrido una espantosa precarización; en unos años estamos todos partiéndonos de risa. Un economista reputado, Friedrich List, propone la siguiente analogía: «un ardid muy común e inteligente que practica quien ha alcanzado la cumbre de la grandeza es retirar la escalera por la que ha trepado para impedir a otros trepar tras él». Maravilloso.

Competir aquí significa rebajar. Pues eso apliquémoslo a los estándares medioambientales (los protocolos internacionales se convierten en un chiste de Arévalo poniendo voz de gangoso), médicos (supermercados con miles de medicinas a la venta que a día de hoy no superan los criterios médicos europeos), de derechos individuales (¿qué creen? ¿que las grandes compañías informáticas jugarían al mus con nuestros datos personales o que no?) o legales (que una compañía tenga un poder determinante a la hora de que los Estados legislen nos tiene por fuerza que maravillar –doble maravilla cuando adquieran más derechos que los individuos, que es de lo que en definitiva va esta película-). Un consejo: estudien Derecho. Estudien Derecho y especialícense en denunciar a los Estados. Existen grandes firmas de abogados al servicio de las multinacionales, dedicadas exclusivamente a estos edificantes menesteres, pues en tratados similares a lo largo y ancho del globo dichas firmas ya han obtenido grandes beneficios para sus poderosísimos clientes. ¡Estudien Derecho, amigos!

Una última visita, esta vez al diccionario etimológico de Corominas. Maravilla, h. 1140. Del lat. Mīrābilia ‘cosas extrañas’ (por vía semiculta, plural neutro del adjetivo mirabilis ‘extraño, notable’. Qué extraño, qué notable que en España no exista el debate que sí tiene lugar en otros países, ¿no? Pues eso, volvemos a los medios y sus intereses, y a nosotros mismos, por supuesto. No nos maravillemos, nacionalismos y terrorismos venden más cantidad cuando se perciben como tal. Cuando nos manipulan de soslayo pero con otro nombre la tirada es menor. Y eso es maravilloso.

1 Comment

  • Que estudiemos Derecho, no es un consejo, es echar mal de ojo. A ver, estudio Derecho y luego ¿quién me “enchufa” en un despacho que demanda Estados? Creo que es más útil convertirse en pirata (como los de la Aseguradora “Crimson” en “El sentido de la vida”), y cercenar pies (ya se sabe que las multinacionales tienes pies de barro ¿no?).

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