Per brevità chiamato Francesco de Gregori

Todos los días, miles de toneladas de personas se permiten decir esa horterada de “el Robert de Niro español”, “la Aretha Franklin inglesa”, etc. Pues bien, yo voy a hacer lo propio con Francesco de Gregori, el Bob Dylan italiano. Este caballero aúna dos de mis más poderosas debilidades, como son el bardo de Minnesota y la península de la bota. Voy a pulverizar el record de horteradas en un párrafo, pero en mi descargo diré que lo hago conscientemente. Ahora voy con la más exquisita: si fuera americano sería internacionalmente conocido.

De Gregori es un genio. De entrada, (casi) cualquier tipo que aguante más de cuarenta años a ese ritmo compositivo y escénico me merece un respeto. Me pregunto de dónde sacará las ganas-necesidad-energía-talento para tener siempre algo que decir. Como buen italiano, sabe mezclar lo melancólico que encierra la mirada de su infancia con lo lúdico y sensual. Buffalo Bill contiene los sueños del niño Francesco a galope por la pradera americana, a la manera en que la mirada embriagada del pequeño Totò, en Cinema Paradiso, orbita alrededor de los muslos iniciáticos de Ava Gardner (Se avessi potuto scegliere fra la vita e la morte, avrei scelto l’America. Si hubiese podido elegir entre la vida y la muerte, habría elegido América). Los italianos y sus obsesiones.

Rimmel no oculta sus devociones-pretensiones bardominnesotanas. El órgano Hammond se presta a ello de modo inequívoco, y el contrabajo te viene a explicar que sí, que el rock y todo eso está muy bien, pero que él es un cantautor. Y lo que es más importante, un cantautor italiano. O, lo que es lo mismo, un enamorado de sus nostalgias privadas. Se diría que Rimmel es una canción escrita a una mujer que nunca existió, o que nunca supo que De Gregori existía. Está en esa liga de canciones cuyo significado es mejor que te inventes tú mismo, como Alice (Alice guarda i gatti e i gatti guardano nel sole mentre il mondo sta girando senza fretta. Irene al quarto piano è lì tranquilla che si guarda nello specchio e accende un’altra sigaretta. E Lillì Marlen, bella più che mai, sorride e non ti dice la sua età, ma tutto questo Alice non lo sa. Alice mira a los gatos y los gatos miran al sol mientras el mundo gira sin prisa. Irene, en el cuarto piso, está tranquila, se mira en el espejo y enciende otro cigarro. Y Lillì Marlen, más guapa que nunca, sonríe y no te dice su edad, pero todo esto Alice no lo sabe). El significado de la letra de esta canción no puede estar más claro, para entenderlo basta con disponer de una imaginación lo suficientemente desaforada.

Entre la melancolía de lo que nunca conoció y la reivindicación social que siempre respiró, Francesco supo poner en lo alto la canción de su hermano Luigi Grecchi Il Bandito e il Campione, un country acelerado en el que retrata la amistad entre el as del ciclismo Costante Girardengo y el anarquista Sante Pollastri. De Gregori político (Cercavi giustizia ma trovasti la Legge. Ma un bravo poliziotto che conosce il suo mestiere sa che ogni uomo ha un vizio che lo farà cadere. E ti fece cadere la tua grande passione di aspettare l’arrivo dell’amico campione. Buscabas justicia y encontraste la Ley. Pero un buen policía que conoce su trabajo sabe que cada hombre tiene un vicio que lo hará caer. Y te hizo caer tu gran pasión: esperar la llegada de tu amigo campeón). Pollastri asesinó a numerosos carabinieri en los primeros años del fascismo, pero los bandidos hagan lo que hagan siempre nos caen bien. Girardengo triunfaba sobre la bicicleta y ambos compartían la pasión por ese deporte. Queda la duda en el aire. Girardengo sabía que su compadre Pollastri, a escondidas, iba a verlo correr a las competiciones. ¿Fue él quien lo delató? La historia no ha dilucidado nunca ese punto, pero sería un final maravillosamente demagógico. Otro tema sobre deporte es La leva calcistica del ’68. La canción es hermosa pero el calcio me satura desde todos los flancos, así que ahí la dejo.

Generale. Una canción que habla de la guerra desde la conmiseración hacia quienes tienen que ejercerla, usando el punto de vista del inmenso vacío que permanece en sus interiores pese a los honores por haberla ¿ganado? Uno de los ejercicios antibélicos más vertiginosos y valientes que he oído jamás, y más teniendo en cuenta que proviene de una garganta comunista (en su país esta denominación se usa con más alegría que en el mío), y es un juicio similar al que hago cuando oigo Viva l’Italia, una oda perfecta, una canción que nunca existirá aquí por esa maldita manía que tenemos de odiarnos los unos a los otros y de confundir y nublar los términos para argumentar no sabemos qué. Siento un poco de envidia cada vez que la oigo porque pienso que ese estado de inconsciencia que te permite apreciar el sitio donde naciste te tiene que acercar un poco a la felicidad. Conviene decir que Sabina la versionó adecuadamente en Mater España.

La donna cannone fue mi iniciación a De Gregori. Tiene esa cosa cursi que caracteriza a las baladas italianas imperecederas, de las que tanto cuesta despegarse. Además del hecho de que es un hito personal para mí. Pese a su tristeza, todos los recuerdos que me trae son buenos, son muy buenos, y son compartidos.

Este no ha sido más que un repaso personal y por supuesto muy resumido de la obra de un gran artista nacido en un país lleno de artistas. Fabrizio De André, Lucio Dalla, Gianna Nannini, Franco Battiato, Adriano Celentano, Pino Daniele, Rino Gaetano, Vinicio Capossela, Gino Paoli están en el Olimpo musical italiano de mis amores. Francesco de Gregori está en lo más alto.

Sobrepasa ciertas fronteras y no se queda en el manido artista. Pero de alguna manera había que encerrarlo en la cárcel del lenguaje, así que no queda otra: per brevità chiamato artista.

 

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