Una pregunta sobre Rafa Nadal

Fuente: Marca
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Escribo estas líneas pocas horas después de que Rafa Nadal haya ganado el Open de Australia, su Grand Slam número 21. Me siento un poco raro porque no suelo escribir de deporte, pero llevo desde su victoria haciéndome una pregunta (supongo que no seré el único) así que voy a hacer una excepción con este post. Como sé que mereceré muchas correcciones, os invito a que las hagáis en los comentarios.

De entrada doy por hecho que, si mencionamos también a Federer y a Djokovic, estaríamos hablando de los tres mejores tenistas masculinos de la historia. Más allá de valoraciones estilísticas y loas a la tenacidad de esta terna, los números cantan y poco se puede discutir. Federer y Djokovic han ganado 20 veces un trofeo de este nivel y, como decimos, Nadal, a fecha de 30 de enero de 2022, 21. Vamos un poco más allá. Si es verdad que los números cantan y la idea de ganar un Grand Slam es la más codiciada entre los profesionales de este deporte, ¿no se ha colocado hoy Nadal un peldaño por encima de sus rivales?

No lo sé. Quizá, para el aficionado sagaz, al establecer un orden entren en juego otras valoraciones puramente aritméticas como el número de trofeos de rango inferior, o el tiempo de permanencia en el nº 1 del ranking mundial. O quizá sea poco elegante hacer esta estimación sin tener en cuenta la clase en el juego de cada cual. Este factor añadiría mucha distinción a la lista pero es absolutamente inasible y personalísimo, por supuesto, por lo que optemos por descartarlo.

Voy ahora con la pregunta que da título a esta entrada. Partiendo de la base, insisto, quizá arriesgada, de que Nadal sea el mejor tenista masculino de todos los tiempos, ¿no le hace esto digno de merecer un puesto entre los mejores de la historia del deporte?

Lo pienso y me siento arrogante, como si pretendiera rebañar algo de lo que le pertenece por el hecho de haber nacido en su mismo país y hablar su mismo idioma. Y más cuando lo comparo con los grandes de todos los tiempos.

¿Quiénes son?

Si atendemos, de nuevo, a las matemáticas, existen listados a mansalva. Son brindis al sol puesto que es de todo punto imposible comparar a dos deportistas de disciplinas diferentes. ¿Maradona o Michael Jordan? No se pueden comparar. ¿Usain Bolt o Valentino Rossi? Es inútil intentarlo. Y sin embargo es algo agradable de hacer porque, de este modo, durante un tiempo se tiene la mente ocupada en la grandeza. Los griegos veneraban a Aquiles y la humanidad no ha dejado de necesitar héroes. Resulta bastante pueril, qué le vamos a hacer.

En estas relaciones de deportistas suelen aparecer algunos en los que había pensado (Jordan, Mohamed Ali, Usain Bolt, Michael Phelps, Pelé o Maradona), algunos en los que no (Serena Williams, Tiger Woods, Michael Schumacher, LeBron James, Kobe Bryant, Simone Biles, Roger Federer, Messi, Induráin) y los hay que creía que iban a aparecer pero que no encuentro (Nadia Comăneci Mark Spitz, Carl Lewis o Jesse Owens).

De nuevo: entre tanto ser sobrehumano, puede resultar un poco vanidoso pretender rascar unas migajas de alguien vecino. Suena a barrer para casa. Y, sin embargo… ¿no deberíamos empezar a hablar ya en estos términos cuando nos referimos a este señor? Las cosas pueden cambiar, desde luego: a Djokovic parece quedarle cuerda, Federer no se ha retirado (aunque ganar de nuevo un grande parece misión imposible a su edad) y nadie asegura que en este momento no haya un nene pegándole a la raqueta con un mix de todas las cualidades que adornan a los mejores, y que en un futuro no muy lejano los vaya a desbancar.

Ay, el placer de la conquista por persona interpuesta. Aparquemos el intelecto un rato y reconozcamos que no es un placer pequeño.

Pero sobre todo, y ahí voy, es que pienso que en este caso se puede probar. Los triunfos deportivos son mensurables y sirven, entre otras cosas, para tenernos entretenidos. Y si hacemos números creo que salen. Lo que no veo es quitar a nadie el derecho a estar en un podio porque en él también están Ali o Phelps, que nos suenan lejanos y por lo tanto más homologables a la gloria y el esplendor. Lo que tampoco querría es caer en el chovinismo que se esconde tras los triunfos deportivos. Y quizá lo esté haciendo (no creo, porque no me tengo por muy patriota. Pero bueno, tampoco creo que mi lado femenino esté muy desarrollado  y sin embargo se supone que no puedo renunciar a él).

No me resisto a afear el gesto a los que se lo afean a él. Suele venir de la parte en que aparece con una bandera o se mencionan unas feísimas irregularidades con la Agencia Tributaria. Y lo que me irrita no es que eso se mencione, sino que se utilice como ariete contra su mérito deportivo. Pero bueno, quien hace tal cosa suele tener una niebla delante de la vista que hace imposible todo razonamiento. Solo quería decirlo.

Y estaría feo no acabar felicitando al campeón. Un ejemplo de esfuerzo y de resistencia en un momento en que nos hacen mucha falta determinados patrones. Un modelo de finura en la victoria y de aceptación en la (no abundante) derrota. No es un mal espejo si lo que queremos para nuestra sociedad es la excelencia. La pena es que con tanta frecuencia venga a través de la competición. Quiero pensar que algún día se superará esa fase.

Repito la pregunta y me pongo a otra cosa: ¿no merece Rafa Nadal un puesto entre los mejores de la historia del deporte?

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2 Comments

  • La pregunta final de Guillermo, es q si Rafa Nadal no merecería un puesto entre los mejores deportistas de todos los tiempos.
    Pero…….. hay alguien que lo pueda dudar?
    Aparte de la contundencia y regularidad de su juego, habla de su finura al ganar y su aceptación en su derrota: esas dos cosas, son parte del éxito de Nadal.
    Nadie imagina al mallorquín haciendo grandes gestos de júbilo, con gestos semiobscenos y sonrisas desencajadas por sus triunfos; ni cabreos, quejas ni rotura de raquetas, las veces que ha perdido.
    Además, y ésto que voy a decir se siente con poca gente, muy poca gente: se le ve un tipo tan legal, que te gustaría para amigo de tu hijo, o novio de tu hija, vecino de tu rellano, compañero de tu trabajo…..
    Pocas personas inspiran esos sentimientos tan íntimos y gozosos. Sólo las que creemos completas.
    Se podría extrapolar la contemplación de este -para mí- particular fenómeno y pensar en emparentar de alguna manera con Maradona, Rossi, Mackenroe y varios “egos”más.
    Tenemos la plenitud de Nadal.
    Y claro que le rasco migajas a sus trofeos (me siento tan, tan orgullosa, que me lleno de grandeza durante un tiempo, al conocer sus triunfos).
    Por último, me gustaría añadir su generosidad (en este caso con su tierra) de promover el deporte, crear unas magníficas instalaciones para ayudar a niños y jóvenes, a canalizar legítimas aspiraciones para llegar a ser como él.

    • Pues este comentario da una medida de lo que es este hombre: una persona que aúna admiraciones. Que es lo que suele pasar con los verdaderamente grandes (bueno, hay excepciones: Maradona es el epítome de las mismas). Ahora bien, también es cierto que a raíz de este post he sabido que a muchísima gente le cae mal Nadal. No sé exactamente que es lo que les desagradará de él. Si su saber ganar y perder, su amabilidad con la gente (con todos, hay miles de vídeos distintos siendo un caballero con recogepelotas de doce años) o sus palabras siempre alentadoras para sus rivales.

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