Es que no se adaptan

La semana pasada sucedió algo en clase que me hizo ver, una vez más, la verdadera dimensión de las cosas para muchas personas. O al menos una parte de esa dimensión. En realidad, para verlo basta con no cerrar los ojos o, simplemente, con abrirlos cada cierto tiempo. Una chica marroquí, llegada al instituto a finales de noviembre, tenía que ser trasladada de centro puesto que a su padre le había salido un trabajo en otro lugar. Bueno, es por trabajo, se puede pensar. Y eso siempre está bien. Pero una lectura mínimamente atenta nos permite atisbar algo trágico.

Esta chica, en lo que va de curso 2020-2021 ha estado en TRES centros educativos diferentes. Espero que no haya un cuarto, aunque esa perspectiva no es 100% descartable.

Voy a especificar un poco más: tiene trece años. Más aun: es muy tímida. Y todavía más: no sabe una palabra de español.

Y realmente aquí podría terminar este texto. ¿Para qué más? Es que no hay más. Realmente esto es lo que hay. Un triste capítulo de una vida entre 7.000 millones. Fin de la entrada. ¿Fin de la entrada? Eso lo decides tú.

Porque aquí te pido un poco de esfuerzo a ti, que estás leyendo estas líneas. Esfuerzo de imaginación. Pon a trabajar tu capacidad de concebir escenas que no has vivido y piensa que esto te sucede. Pero te ruego que intentes hacerlo bien. Cuando escribo la palabra esfuerzo lo hago porque sin un desempeño fuerte por tu parte, tampoco tiene mucho sentido. Yo intentaré ser fiel a lo que he visto.

Eres prácticamente una niña y acabas de aterrizar en un país del que no sabes nada (pongamos Lituania, que me parece que no es la tierra más conocida por mis lectores). La gente habla raro, viste raro, tiene costumbres raras, las edificaciones y el paisaje son raros y encima les ha sobrevenido un ambiente enrarecido a causa de una pandemia cuyas causas se te escapan a ti y a ellos. Para colmo, hace bastante frío. Cuesta sentir que ese es tu hogar, pero tu padre ha encontrado un trabajo en Lituania y toda la familia ha tenido que ir para allá. Atrás quedan tus amigas y el resto de tu familia. Es inútil oponerse a la partida. Es más, es insensato porque además sabes que ir a Lituania es lo deseable.

Allí te tratarán… pues unos bien y otros mal. Gente amable y gente antipática la hay en todas partes y tú solo quieres estar tranquila en clase y con la gente que te ha tocado en suerte. En casa ya sabes lo que hay y por las tardes nadie te obliga a salir de tus cuatro paredes. Pero por las mañanas te vas a tener que meter, lo quieras o no, en un panorama del que lo desconoces todo. Y según se mire, la Fortuna te acabará sonriendo. No está mal: te has hecho una amiga y eso es una lotería. Va contigo a todas partes, habláis de vuestras cosas y encima en clase os podéis sentar siempre juntas. Menos mal, habla tu idioma. Una chica tranquila, como tú, que al llevar más tiempo en clase está más integrada, de modo que te sirve de traductora con compañeros y profesores.

Porque ese es el gran escollo, la gran barrera. Un océano de tiempo, de afán, de sudor, de miles de bancos de peces que son las palabras. Algunas fáciles de capturar, otras más complejas y de cuando en cuando algunas diabólicamente escurridizas. ¿Y por qué estos lituanos las pronuncian tan de prisa? No gritéis y vocalizad más. Y sobre todo, ¡poco a poco!

Tienes una clase, en el Aula de Inmersión Lingüística, en que de un modo más personalizado, durante la mitad de las horas lectivas, una profesora hará todo lo posible y lo imposible para que saques adelante una frase bien leída, una oración bien construida. Ahí coincidirás con otros chavales de otras clases en tu misma situación. Algunos son lentos y otros endiabladamente veloces, y qué envidia sientes. Qué difícil es para ti hablar, luchar contra el gigante del idioma ajeno. Un gigante asesino que además te obliga a olvidarte de tu timidez.

¡Pero es que tú eres tímida! ¡Muy tímida! Por lo que acabas comprendiendo a tus compañeros del aula ordinaria cuando, al final, se aburren de intentar comunicarse contigo, primero directamente y luego a través de una traductora. Eso sería tanto como pedirles a todos ellos que hicieran el esfuerzo que te toca hacer a ti. Y bueno, no lo necesitan, ya se tienen los unos a los otros. Se llevan bien y, lo más importante, se comprenden. ¿Estaré yo alguna vez así con los chicos y chicas de mi edad? Un momento, recuerdo que ayer mis padres parecían muy serios, pero a la vez algo contentos. ¿Qué misterio es ese?

Misterio resuelto: nos vamos a otro sitio. ¡Ahora que había hecho una amiga! Ahora que me podía desahogar, que soñaba con que de aquí a unos meses podría no tener que emplear un filtro terrible entre lo que pienso y cómo lo digo. Justo ahora. Como hace cinco meses. Pues todo se desmorona una vez más. Tengo trece años, soy muy tímida y no hablo el idioma de esta tierra extraña. Vuelta a empezar.

Eres ella y a buen seguro que, después de leerme, piensas que he incurrido en mil errores y, sobre todo, en todas las omisiones del mundo. Y es verdad. Esto son solo cuatro líneas y en ellas no puedo pretender hablar de algo tan inmenso como la vida de un ser humano. Sí sé que, desde que se ha ido, me acuerdo a diario de esta chica de la que fui tutor muy brevemente. Con la que apenas pude comunicarme más allá de las palabras básicas de cortesía, pronunciadas en voz alta, clara y muy lenta. ¿Progresó algo con nosotros? Quiero pensar que sí, pero, más allá de lo aprendido en el Aula de Inmersión Lingüística… ¿qué diablos iba a aprender de Matemáticas, Física y Química, Historia? Es más: ¿cómo diablos le iban a importar lo más mínimo?

Bastante ha hecho con no desesperar. Cómo me gustaría que supiera que me acuerdo de ella, que pienso en ella y que le deseo lo mejor. Y que me encantaría encontrarme un buen día con ella y que me sorprendiera con un uso espectacular del idioma.

¿Sucederá?

Y yo qué sé. De momento solo puedo agradecerte el esfuerzo de llegar hasta aquí. Me tomaré la libertad de pedirte un segundo favor: que saques conclusiones.

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8 Comments

  • Qué triste panorama ! Ojalá este país le bride la oportunidad de hacerse un hueco en esta sociedad, prosperar y ser feliz.

  • Piel de gallina….imaginarme en una situación así, a esa edad,….que valiente hay que ser para emigrar y cuánto esfuerzo para sacar a su familia adelante. Yo también le deseo la mejor de las suertes a esta chica.

    • Ojalá la tenga. Ella y toda su familia. Si de momento le hacemos el trago agradable ya habremos contribuido para bien.

  • Que saque conclusiones?
    Qué compromiso; conclusiones…..
    De momento sólo siento mucho dolor por la niña. Esa es mi principal conclusión.
    Sé mi dolor, pero no puedo imaginar el suyo. Tiene q vencer demasiadas cosas importantes: el desarraigo, la inseguridad actual de la salud, la imposibilidad de poder preguntar en nuestro idioma una frase sencillita, q venciendo su timidez le podría servir para establecer alguna relación…..
    Pero para qué ese esfuerzo? Si a lo mejor la estancia en este pueblo es igual de efímera q en los otros…..
    Paciencia oriental; no tiene otra…

  • Gracias por este texto, para hacernos reflexionar mucho. No sé qué conclusiones sacar. Siento tristeza y admiración por esta chica, por tantos como ella. Ojalá, como dices, te encuentres un buen día con ella y te sorprenda con su conocimiento del idioma…

    • Gracias a ti, Paula. Suelen hacer poco ruido… entre otras cosas porque no pueden hablar. Pero no son pocos. Gracias de nuevo.

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